Política y deporte: claro que sí

Publicado: enero 14, 2013 en Uncategorized

Después de que el siempre simpático jefe de seguridad del Estudiantes retirara una pancarta en favor de la sanidad pública en el partido del equipo colegial contra el Barça en el Palacio de los Deportes, no dejaron de corearse gritos en favor de lo que estaba escrito en esa sábana durante todo el encuentro. No había que ser Séneca para saber que el gesto del siempre sobreactuado brazo de la ley iba a provocar el efecto contrario al pretendido. Pero bueno, al siempre simpático jefe de seguridad del Estudiantes se le puede exigir buena presencia y fe ejecutora, pero no buenas formas ni inteligencia a largo plazo en el proceder. Nunca la tuvo. Este vídeo que ha llegado a portada de Menéame solo es un ejemplo muy pequeño de lo que ocurrió durante todo el partido.

Al margen de la norma, que retira pancartas de sanidad a una afición que ha mostrado mensajes políticos toda la vida (no ha debido haber muchos recintos deportivos en el mundo donde se haya apoyado tanto todo lo relacionado con Palestina), aparece el viejo debate de si se debe mezclar política y deporte.

La Constitución protege al taxista de pegarte la charla (política, las más veces) sin que venga un policía y le multe, y supongo que nadie cuestionará el sagrado derecho del taxista de expresarse en su puesto de trabajo. Cuando estamos comiendo en nuestro horario laboral, se nos permite hablar, para que nos oiga todo el bar si hace falta, de política sin que seamos por ello portavoces de nuestra empresa. El cine puede ser político, la literatura puede ser política, la alfarería puede ser política y no le negamos a un tornero fresador pensar y expresarse en su puesto de trabajo.

Pero resulta que el deporte, ay, el deporte, ése no puede ser político. Se lapida a los futbolistas no por lo que opinan, sino por opinar. Los aficionados a un equipo, que en su puesto de trabajo pueden pensar y expresar lo que quieran, cuando se ponen la bufanda de su equipo se les tiene que activar el inhibidor de opinar y gritar.

Cuando Carles Puyol escribió en su Twitter aquello de #Wertgonya para quejarse de la reforma educativa que pretende acometer el ministro, tuvo que salir a aclarar que aquello no era política, sino cultura. Como si ‘política’ fuera una palabra tabú; como si, entonces sí, hubiera cometido un extraño crimen que todavía desconozco quién juzga. Amigo Puyol: hiciste política. Vive con ello.

He sufrido en mis propias carnes cómo exfutbolistas que sé que son de izquierdas se han negado a hablar para este libro. Ahí estuvieron Oleguer, Maradona y Del Bosque, y también Pablo Infante, que no quiso “que se le relacionara” (literal) con un libro con este título a pesar de que había declarado esto en un medio de comunicación. Hubo algunos más que me dieron razones convincentes y más que respetables, e incluso hay un jugador en activo de quien escribí una historia y, una vez redactada, decidió que no quería aparecer, siendo muy muy muy de izquierdas y habiéndolo manifestado públicamente.

Entiendo el razonamiento de que los clubes no mezclen política y deporte, pues ellos, como empresas, representan a sus socios y entre ellos los habrá de todas las sensibilidades. Es una estrategia empresarial tan respetable como cualquier otra. Pero no en algunos casos: si derechos fundamentales como la vida, la educación o la salud están en juego, hay que dar un paso adelante. Guardando un minuto de silencio por una víctima de ETA o reivindicando que pare ya esta entrega manifiesta y sistemática de la sanidad pública a los empresarios amigos del partido de turno. No hay que esconderse en ninguno de los casos.

Lo que pasa, y esto que escribo no es una verdad absoluta pero seguro que me acerco bastante a ella, es que la mayoría de la gente que dice aquello de que no hay que mezclar política y deporte es conservadora. Y no les he escuchado jamás un argumento que vaya más allá de “no hay que mezclar política y deporte”. Porque, si rascamos un poco, no lo hay.

PD: El speaker del Estudiantes envió todo su apoyo a los trabajadores de Telemadrid, que en esos momentos estaban recibiendo los burofaxes de la empresa despidiéndolos masivamente. ¿Habrá sanción para el club por haber expresado a través de su portavoz en el pabellón una opinión tan política como la de la pancarta que arrancaron?

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comentarios
  1. Espinoso asunto éste. Hay que tener en cuenta que los jugadores no son enteramente dueños de su imagen pública, ya que pertenecen a la disciplina de un club que casi tiene el deber de permanecer neutral para no ofender a una parte de sus aficionados. Otra cosa son los profesionales de deportes individuales, que también suelen ocultar sus tendencias u opiniones por puro marketing, sugerido o impuesto por las marcas que les esponsorizan.
    En España, la tendencia política suele pasar factura en términos de negocio tanto a favor como en contra porque predispone injustamente al consumidor a la hora de juzgar la valía profesional del actor, cantante, futbolista, escritor… y porque facilita o dificulta los contratos con la administración, algo completamente rechazable. Es algo que deberíamos revisar en nuestro todavía inmaduro entendimiento de la democracia. Felicidades por abordar este tema. Creo que ayuda a superar prejuicios.

  2. Santi dice:

    los que dicen que no hay que politizar el deporte suelen ser los que invitan a políticos a los palcos. El ejemplo más cómico fue cuando la selección española de basket jugó en Vitoria un par de amistosos, con Patxi López de lehendakari, le entrevistaban en Marca, diario deportivo, y ahí soltaba, con dos cojones: “Cuando el deporte se mezcla con la política se envenena”.

  3. Marc dice:

    El público de un partido de baloncesto, como cualquiera que pasee por la calle, tiene derecho a expresar lo que le venga en gana siempre que lo haga de una forma cívica y respetuosa con quienes pueden pensar lo contrario. Si a alguien le molestó que este domingo en el Palacio de Deportes se escucharan gritos a favor de la sanidad pública, también pudo alzar la voz para defender la sanidad privada. Parece que ahora está mal visto decir públicamente lo que uno piensa y no digamos ya si encima se hace junto a otras personas que piensan igual. Para arreglar el mundo desde el sofá de casa valemos todos. Yo no pienso que lo que grite la Demencia o cualquier otro sector de la grada tenga que ser la postura oficial de Estudiantes, de los jugadores o del que pasa la mopa.

    La política debe mezclarse con el deporte y con todos los aspectos de la vida, ya que es un servicio a la sociedad y no un medio para enriquecerse. Ignorarla solo beneficia a quienes siguen haciendo un uso ilegítimo de la misma para su beneficio personal.

  4. doRCCV dice:

    Aunque un poco tarde, estoy revisando cada uno de los post desde el principio y dejaré aquí una aportación.
    Muy de acuerdo con este post y en concreto con el párrafo que dice… “Los aficionados a un equipo, que en su puesto de trabajo pueden pensar y expresar lo que quieran, cuando se ponen la bufanda de su equipo se les tiene que activar el inhibidor de opinar y gritar.” Quier dejar lo que por definición es lo que comparto en el fútbol. Una definición de Celtarrismo:

    “La filosofía de una afición no debe imponerse, debe ser decisión propia de cada uno verse involucrado por los colores de un equipo. Esto responde en función de dos procesos, sentir los colores por influencia del medio, la ciudad, los vínculos sociales, y la proximidad del equipo. Una vez que aceptas este hecho, debes conocer y elegir la medida en la que involucrarte con la propia filosofía que representa el equipo.”

    El celtismo más radical es conocido como celtarrismo, este adquiere una connotación ideológica. Ser celtarra no significa enarbolar la violencia gratuita, pese a lo que muchos piensan. Creo que lo más honorable del celtarrismo es el hecho de representar unos valores acordes a la sociedad de nuestra ciudad. Vigo fue, y es, una ciudad proletaria, abierta, y mayoritariamente tolerante.

    Luchar contra el racismo; Luchar contra la homofobia; Luchar contra el abuso de la Burguesía, es considerado por mucha gente una filosofía radical, porque lo coherente es quedarse en casa viendo Telecinco. El football no debe ser politizado dicen algunos, pero el que mantiene un ideología y es coherente con ella, debería serlo las veinti-cuatro horas del día. Deberíamos luchar contra la injusticia por igual en el campo, en el trabajo, o en la calle… Yo no voy a permitir que se produzcan discriminaciones racistas desde mi grada si puedo evitarlo, y si tengo que luchar por mis creencias lo haré por que creo que poner la otra mejilla es aceptar la tiranía, es mezquino, y cobarde con uno mismo.”

    En el tercer párrafo, comparte un poco lo que mencioné antes. Deberíamos luchar por la injusticia por igual en el campo, en el trabajo o en la calle.

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