Archivos para enero, 2013

Al habla con Javi Poves

Publicado: enero 26, 2013 en Uncategorized

En agosto de 2011 no había un jugador de fútbol más popular que Javi Poves. Un verano sin grandes torneos futbolísticos, sin apenas culebrones de fichajes (solo Cesc andaba alargando su incorporación al Barça) y con los periodistas titulares de vacaciones daba para pocas grandes historias futbolísticas. Pero entonces apareció Poves anunciando que se retiraba del fútbol porque solo era “corrupción, dinero y muerte” y diciendo que había que ir a los bancos “a quemarlos y a cortar cabezas” y los medios del mundo entero querían localizarlo. Lo conseguían con facilidad. El ya exjugador del Sporting de Gijón estaba en todas partes. El ‘jugador antisistema’ era más popular que Dios, que diría John Lennon.

La tormenta mediática fue descomunal, imposible de controlar. Javi Poves, empeñado en explicarse, aceptó dar todas las entrevistas que le pidieron, excepto si era una televisión la que lo hacía. Por unos días fue, literalmente, el centro del mundo. Demasiado para un chaval de Fuenlabrada con un cóctel brutal en la cabeza. Entonces comenzó un viaje en busca de la felicidad y la coherencia que hoy sigue, quizá porque nunca va a acabar.

Tras meses intentándolo, he localizado a Javi Poves. No me ha querido decir dónde está, pero sí me ha contado su viaje. Quiere esconderse pero ha querido abrirse un poco a este libro. Se lo agradezco. Su capítulo, ya os lo adelanto, es el más impactante de ‘Futbolistas de Izquierdas’.

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Sospecho, llamadme malpensado, que al rey en realidad no le llena de orgullo y satisfacción dirigirse a los españoles en el discurso de Nochebuena, que es que se lo ponen para leer y ya está. Pero escribiendo estas líneas os puedo asegurar que estoy que no quepo de orgullo y satisfacción por los dos pedazos de nombres que escribirán prólogo y epílogo de ‘Futbolistas de Izquierdas’.

Lo primero que encontraréis al abrir el libro serán las letras de El Gran Wyoming. No os puedo adelantar de qué va a escribir porque A) todavía no lo ha hecho y B) no le he limitado el campo. Sí que os puedo contar que ha leído gran parte de lo que está acabado y me ha dicho que le ha gustado mucho. Y yo le creo. Total, va a escribir por menos de lo que cobra Amy Martin y no me conoce mucho (coincidimos en ‘Asuntos Propios’, pero él venía una vez a la semana un ratito, así que tampoco es que hiciéramos amistad), así que le tiene que haber gustado de verdad. Todos los que me conocéis y sabéis lo muchísimo que lo admiro os podéis imaginar la desomunal ilusión que me hace que prologue algo que yo he escrito. Y si no me conocéis, ya os lo digo yo: me hace una ilusión de cojones.

El epílogo lo hará Alberto Garzón. A él lo conozco personalmente menos que a Wyoming, así que su entusiasmo por participar me hace creer que ‘Futbolistas de Izquierdas’ es verdaderamente bueno. Sonará a tópico de escritor venido a más, y lo es, pero hasta que alguien imparcial te dice o te demuestra que el libro le parece algo digno, no te lo terminas de creer. Es mucho el esfuerzo de escribirlo y nunca sabes si ha merecido la pena del todo. Tras saber del entusiasmo de Garzón estoy más cerca de pensar que sí.

Como ya sabéis si leéis este blog con la devoción que deberíais, mi primera idea para prologuista fue Julio Anguita. Por mi espíritu viejuno, su nombre fue el que sin dudar primero me vino a la mente. Ni pensé en Alberto Garzón, a pesar de que representa la única esperanza que mi generación puede encontrar en nuestro Congreso. Fue la sugerencia de un lector del blog y la siempre sabia cabeza de mi editor, José Antonio Menor, quienes me hicieron darme cuenta de que, efectivamente, la mejor elección es él. Si queremos políticos que cambien las cosas y escribimos libros con la esperanza de ser dignos, nadie representa ese espíritu mejor que Alberto Garzón.

‘Futbolistas de Izquierdas’ estará mejor o peor, amigos, pero a ver dónde encontrais un texto mejor acompañado que este.

 

Política y deporte: claro que sí

Publicado: enero 14, 2013 en Uncategorized

Después de que el siempre simpático jefe de seguridad del Estudiantes retirara una pancarta en favor de la sanidad pública en el partido del equipo colegial contra el Barça en el Palacio de los Deportes, no dejaron de corearse gritos en favor de lo que estaba escrito en esa sábana durante todo el encuentro. No había que ser Séneca para saber que el gesto del siempre sobreactuado brazo de la ley iba a provocar el efecto contrario al pretendido. Pero bueno, al siempre simpático jefe de seguridad del Estudiantes se le puede exigir buena presencia y fe ejecutora, pero no buenas formas ni inteligencia a largo plazo en el proceder. Nunca la tuvo. Este vídeo que ha llegado a portada de Menéame solo es un ejemplo muy pequeño de lo que ocurrió durante todo el partido.

Al margen de la norma, que retira pancartas de sanidad a una afición que ha mostrado mensajes políticos toda la vida (no ha debido haber muchos recintos deportivos en el mundo donde se haya apoyado tanto todo lo relacionado con Palestina), aparece el viejo debate de si se debe mezclar política y deporte.

La Constitución protege al taxista de pegarte la charla (política, las más veces) sin que venga un policía y le multe, y supongo que nadie cuestionará el sagrado derecho del taxista de expresarse en su puesto de trabajo. Cuando estamos comiendo en nuestro horario laboral, se nos permite hablar, para que nos oiga todo el bar si hace falta, de política sin que seamos por ello portavoces de nuestra empresa. El cine puede ser político, la literatura puede ser política, la alfarería puede ser política y no le negamos a un tornero fresador pensar y expresarse en su puesto de trabajo.

Pero resulta que el deporte, ay, el deporte, ése no puede ser político. Se lapida a los futbolistas no por lo que opinan, sino por opinar. Los aficionados a un equipo, que en su puesto de trabajo pueden pensar y expresar lo que quieran, cuando se ponen la bufanda de su equipo se les tiene que activar el inhibidor de opinar y gritar.

Cuando Carles Puyol escribió en su Twitter aquello de #Wertgonya para quejarse de la reforma educativa que pretende acometer el ministro, tuvo que salir a aclarar que aquello no era política, sino cultura. Como si ‘política’ fuera una palabra tabú; como si, entonces sí, hubiera cometido un extraño crimen que todavía desconozco quién juzga. Amigo Puyol: hiciste política. Vive con ello.

He sufrido en mis propias carnes cómo exfutbolistas que sé que son de izquierdas se han negado a hablar para este libro. Ahí estuvieron Oleguer, Maradona y Del Bosque, y también Pablo Infante, que no quiso “que se le relacionara” (literal) con un libro con este título a pesar de que había declarado esto en un medio de comunicación. Hubo algunos más que me dieron razones convincentes y más que respetables, e incluso hay un jugador en activo de quien escribí una historia y, una vez redactada, decidió que no quería aparecer, siendo muy muy muy de izquierdas y habiéndolo manifestado públicamente.

Entiendo el razonamiento de que los clubes no mezclen política y deporte, pues ellos, como empresas, representan a sus socios y entre ellos los habrá de todas las sensibilidades. Es una estrategia empresarial tan respetable como cualquier otra. Pero no en algunos casos: si derechos fundamentales como la vida, la educación o la salud están en juego, hay que dar un paso adelante. Guardando un minuto de silencio por una víctima de ETA o reivindicando que pare ya esta entrega manifiesta y sistemática de la sanidad pública a los empresarios amigos del partido de turno. No hay que esconderse en ninguno de los casos.

Lo que pasa, y esto que escribo no es una verdad absoluta pero seguro que me acerco bastante a ella, es que la mayoría de la gente que dice aquello de que no hay que mezclar política y deporte es conservadora. Y no les he escuchado jamás un argumento que vaya más allá de “no hay que mezclar política y deporte”. Porque, si rascamos un poco, no lo hay.

PD: El speaker del Estudiantes envió todo su apoyo a los trabajadores de Telemadrid, que en esos momentos estaban recibiendo los burofaxes de la empresa despidiéndolos masivamente. ¿Habrá sanción para el club por haber expresado a través de su portavoz en el pabellón una opinión tan política como la de la pancarta que arrancaron?

Vicente Del Bosque es de izquierdas. O progresista, llámenlo como quieran. Lo ha demostrado, tímidamente, en algunas de sus declaraciones desde que es entrenador y en bastantes actitudes que tuvo como futbolista.

Uno de los capítulos de este libro pretendía contar la historia del Real Madrid de mediados de los 70, el de la muerte de Franco y años posteriores, en el que se juntaron varios jugadores de talante izquierdista. Sin embargo, Del Bosque declinó la propuesta de salir: “He hablado esta mañana con el seleccionador y después de estar valorándolo me comenta que no lo termina de ver. Ya que en su cargo cualquier asunto puede malinterpretarse y prefiere no exponerse innecesariamente”, nos respondió por e-mail la Real Federación Española de Fútbol.

No voy a criticar a Del Bosque, porque sus razones me parecen lógicas, pero, al margen de la pena que me da a mí que no quiera salir, sobre todo creo que, en momentos como éstos, la gente de izquierdas y con cierta sensibilidad social no está de más que salga a la luz para mostrar al mundo que no hay nada de malo por serlo. En estos tiempos que nos comen, un paso al frente de Del Bosque hubiera sido algo de mucho valor.

Evidentemente, aunque él no haya hablado, habrá capítulo de Del Bosque en el libro. Y contaré algunas cosillas que quizá os sorprendan. Todas para bien: Vicente del Bosque es un grande, y se merece el respeto como entrenador y, sobre todo, como hombre de firmes convicciones progresistas. Aunque suene a tópico, creo de verdad que es un grandísimo tipo. Una pena que no haya querido hablar. Ojalá que en el futuro pueda hablar con él. Pero ya no será en este libro.