Archivos para julio, 2012

Para que lo sepáis: este libro no va cofirmado porque soy un puto egocéntrico. Pero Javier Gómez, el muchacho de las corbatitas que cita a Nietzche en los informativos de deportes de laSexta, es cooperador necesario de este libro. Por trabajo y por entusiasmo. Por creer en mí más que yo. Nunca un tipo con tantas trazas para caerme mal me cayó tan bien.

Dicho lo cual, pocas cosas más míticas me han ocurrido en esta vida que poder escribir de Paolo Sollier en un bar de Vallecas.

sollier

Es extraño, pero en La Ochava, una taberna andaluza (o algo así) donde ponen unos bocadillos de cecina que te mueres y que está al lado de mi casa, escribo mejor que en ninguna parte. Quizá el olorcillo a torreznos me estimula la creatividad y la disciplina. Vaya usted a saber.

Algunos escritores sueñan con escribir una novela en un bar del Soho neoyorquino, porque son así de horteras y de tópicos. Otros se mesan la barba mirando un plato cuadrado mientras piensan en su próximo libro y ven modernos pasar por el cristal de la cafetería blanca y roja en la que escriben. No es mi caso. Soy escritor de grasa y futbolistas comunistas. Sueño cumplido. Punto para mí.

Paolo Sollier fue un ejemplo único de un tiempo y un lugar. Dio cabezazos a un balón pensando en el socialismo utópico. Escribió poemas en la fábrica de la FIAT antes de ir a entrenar. Una vez le dio una patada a un jugador y se sintió sucio.  Militó en la izquierda de la izquierda y peleó contra sus contradicciones. Porque el fútbol, y más en los 70, era una metáfora de lo que no quería ser Paolo Sollier.  Pero ése era él.

Para que os hagáis una idea de quién es, leed esto en ese pequeño y admirable milagro que es Diarios de Fútbol. Si queréis leer mucho más, y ojalá que mejor, tendréis que esperar a que se publique este libro, allá por la primavera de 2013.

Imaginad a Carlos Caszely

Publicado: julio 24, 2012 en Uncategorized

Jugó en el Levante y el Español (que por entonces se llamaba así), apoyó a Salvador Allende hasta sus últimos días y le negó la mano al mismísimo Augosto Pinochet. Carlos Caszely es una de las grandes historias de este libro.

Como este blog está hecho, en el fondo, para que en la primavera de 2013 vayáis como zombis lobotomizados a comprar ‘Futbolistas de Izquierdas’ (si es que no se convierte en el primer libro odiado por sus lectores antes de ser publicado; uno nunca sabe qué efecto causará este blog), como se trata, decía, de vender libros, no os voy a destipar la historia que he escrito de Caszely. A mí es de las que más me gusta.

Pero imaginemos algo. Imaginemos al futbolista español más popular, un Casillas, un Iniesta. Imaginémoslo retirado y que un día aparece en la tele para contarnos que su madre fue secuestrada y torturada por nuestro gobierno. ¿Qué pasaría? ¿Qué reacciones habría?

En 1988 Pinochet planteó una voladura controlada de su régimen con la esperanza de perpetuarse y darse una manita de democracia. Llevaba 15 años en el poder, conquistado a sangre y fuego, y planteó un referéndum en el que ofrecía, explicado a grandes rasgos, gobernar nueve años más o instaurar un sistema democrático.

Ganó la democracia por 56% a 44%. En uno de los spots de la campaña prodemocrática aparecía Caszely revelando a su país que su madre, Olga Garrido, había sido víctima de torturas mientras él defendía la camiseta del equipo nacional. ¿Cuánto hizo ese anuncio, cuánto hizo Caszely por la democracia en Chile? Imaginadlo: la madre del jugador más carismático de España, víctima de torturas. ¿Qué pasaría si en este anuncio apareciera uno de los nuestros en lugar de Carlos Caszely?

LA MADRE DE CARLOS CASZELY CUENTA QUE FUE TORTURADA (MINUTO 3:40)

rijsbergen

El Mundial del 78 es la mayor fuente de historias futboleropolíticas de la historia. Tiene el componente pasional de ser en Argentina, el ambiente propicio por haber sido la mayor utilización del deporte en favor del fascismo de todos los tiempos junto a los Juegos Olímpicos de Berlín’36 y algunos jugadores concienciados. O al menos uno.

Circulan toda clase de bulos acerca de la aparición de futbolistas del Mundial para apoyar a las Madres de la Plaza de Mayo en aquellos días de 1978. Casi todos son mentira, y en el libro decubrireis historias fantásticas (aunque suene feo que lo diga yo) que simplemente van de falsos mitos.

El periodismo, y casi todo en la vida, consiste en fijarse en los buenos. Y uno bueno, bueno de verdad es Ezequiel Fernández Moores, periodista argentino. Leyendo sus textos e incluso hablando con él pude saber que el único héroe del Mundial del 78 fue un tipo que no jugó: el holandés Wim Rijsbergen.

Leyendo a Fernández Moores me enteré de quién era (mi cultura frikifutbolística es bastante limitada) y de lo que hizo. Fue el único que de verdad fue a la Plaza de Mayo y charló con las madres. El único jugador que sin matices se mojó en aquellos días oscuros. Y casi nadie lo supo.

En 2008, Fernández Moores escribía esta magnífica historia en La Nación. El relato de un reencuentro, de fútbol, de albiceleste y naranja, de un tiempo que pasó pero sigue presente. Un historión.

Desde entonces trato de localizar a Wim Rijsbergen. Obtuve un teléfono de su casa, donde una mujer me daba largas de una manera extraña mientras me decía que estaba en Estados Unidos. Eso si alguien me cogía el teléfono.

Me harté de no lograr nada. Hasta que José Antonio Menor y Léeme Libros se cruzaron en mi camino y decidí retomar este libro olvidado. Hoy me he puesto de nuevo en la búsqueda de Rijsbergen. Es el seleccionador de Indonesia. He mandado un mail a su federación y, si no me contestan, llamaré.

El objetivo es que conozcais a un tipo que, creo, merecerá la pena. Tiene 60 años, y yo sigo empecinado en que la historia de Wim Rijsbergen en el Mundial del 78 debe ser contada.

¿Maradona sí o no?

Publicado: julio 16, 2012 en Uncategorized

Acabo de ver ‘Amando a Maradona’, un extraño documental sobre la devoción por Diego. Aunque la película no me ha apasionado, es tal el torrente de imágenes y sensaciones que siempre surge cuando se repasa el fenómeno alrededor de su figura que me ha vuelto el debate. ¿Maradona sí o no?

Éste será un libro de futbolistas de izquierdas, y un tipo que fue el mejor en el campo y que se convirtió en un adalid del régimen cubano no debería admitir dudas: Maradona, en este libro, sí. Pero ahora mismo me sigo inclinando por el no. Su historia política me sigue apareciendo impostada. Diego me parece un rebelde que concibió el ataque al poder como la gasolina para hacerse funcionar. Le pregunté a Ángel Cappa (que tiene un capítulo en este libro) si Maradona era de izquierdas, y me respondió: “Maradona es un rebelde”. Quizá solo sea eso: un rebelde. Y en este tiempo y en su lugar en el mundo eso se tradujo en una pose izquierdista.

Este libro es fundamentalmente mío. Parte de mis apetencias, de mis entrañas y de lo que me gusta hacer. No lo escribo por dinero ni creo que vaya a ser un bien superior. Simplemente me divierte, y creo que escribir de la historia política de Maradona no me va a hacer disfrutar. Quizá si pudiera entrevistarlo, si pudiera sentarme con él y hablar solo de política, funcionaría. Pero no creo que lo logre. No creo que me atienda. Y sin eso, no me motiva.

Ya adelanto que en ‘Futbolistas de Izquierdas’ no estarán todas las historias de futbolistas ‘rojos’ que en el mundo han sido. Saldrán las que me muevan, las que me crea y las que piense que os pueden interesar tanto como para pagar por ellas. No lo he investigado en profundidad, pero no recuerdo un compromiso político en Maradona más allá de su adscripción ventajista a los regímenes de Castro y Chávez al final de su carrera y ya retirado. Corregidme si estoy equivocado.

Soy maradoniano. Me apasiona su figura, me motiva su historia y lo quiero como se puede querer a alguien que solo has visto por la tele. Pero no lo veo en este libro. Al menos que alguno de vosotros, lectores, me haga ver lo contrario. O si los milagros existen y de este texto sale una entrevista con Diego Maradona.

‘AMANDO A MARADONA’

A Jorge Rafael Videla, militar de bigote inquietante y gesto cortante, le gustaba el baloncesto. Vaya un argentino: el fútbol no le interesaba. El siniestro milico prefería el cinco-pívot al cinco-mediocentro. Puede que le atrajera la táctica y la mecánica baloncestística que la indolencia y la improvisación del balompié. No teoricemos más: al tipo no le gustaba el fútbol. Y punto.

A Jorge Rafael Videla, dictador de maldad inaudita y con facilidad para traducirla en verbo y acción, le tocó que le gustara el fútbol. Comandó a la Argentina de 1976 a 1981, y entre medias le llegó la oportunidad de utilizar un Mundial de fútbol en beneficio de su causa. Y vaya si lo hizo: el Mundial del 78 fue una maquinaria de propaganda imparable que entronizó a su dictadura en el mundo. Cualquier otra lectura del hecho es mentira. Y punto.

A Jorge Rafael Videla, anciano de marcial pose y maldita dignidad, lo han condenado a 50 años de cárcel por hijo de puta. No hay castigo para gente así, no está inventado. Para mí, este tipo representa la maldad y el fanatismo. Basten los 20 primeros segundos de este vídeo para explicarlo: mirad el discurso que le pega a los jugadores de la selección albiceleste antes del Mundial del 78, cuando el combinado de César Luis Menotti visitó la Casa Rosada. Te hiela la sangre. Y punto.

En este libro hay un capítulo importante, quizá el más extenso, para el Mundial del 78. Desde la perspectiva de Suecia, de Holanda, de Argentina, de España. Desmonta muchos mitos, acaba con los falsos héroes. Espero que os guste.

En abril de 1982 asumía la presidencia del Corinthians el señor Waldemar Pires, que trajo consigo al señor Adilson Monteiro Alves, sociólogo, para que llevara el día a día del club. En aquella plantilla formaba la descomunal figura de Sócrates Brasileiro, ‘El Doctor’, el futbolista elegante que nunca dejó de creer que el fútbol debía ser el arma para conquistar la democracia. Y con ellos, Washington Olivetto, un publicista, que ideó el término ‘Democracia Corinthiana’, y el eslogan “Ganar o perder, pero siempre con democracia”. Un sociólogo, un médico y un publicista parieron el movimiento político-futbolístico más bello de la historia.

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Un capítulo de este libro se dedicará a la Democracia Corinthiana y al gran Sócrates, ese tipo barbudo, entre lo ácrata y lo zen, que jugaba al fútbol como sueñan los dioses, y puso su magia al servicio de los ideales de la izquierda de comienzos de los 80, que en Brasil eran tener una democracia, que ya era bastante.

Sin extendernos mucho, el Corinthians funcionó entre 1982 y 1984 como una comuna donde todo se decidía de manera horizontal y se iba al campo a jugar al fútbol y a hacer campaña contra la dictadura militar. Sócrates marcaba y miraba a la grada con el puño en alto. Los jugadores sacaban pancartas antes de los partidos con lemas prodemocráticos que también llevaban en sus camisetas. El suyo fue un fenómeno que nunca se repetiría en la historia del fútbol.

Traté de entrevistar a Sócrates para este futuro libro. Cambiamos unos mails, me dijo que le enviara una serie de preguntas, lo hice y nunca le llegaron. Misterios de Internet. Como soy terriblemente inconstante y en el fondo nunca llegué a creer que nadie compraría la idea de ‘Futbolistas de izquierdas’, que este libro nunca se iba a escribir, lo dejé ir. Nunca le volví a pasar las preguntas. Y Sócrates se murió, y yo me quedé para siempre con la rabia de no tener esa entrevista.

El capítulo de la Democracia Corinthiana lo escribiré. Y será cojonudo, porque la historia es inmejorable y ni el peor escritor la puede destrozar. Pero mi propia desidia hará que siempre esté incompleto. Y mi propia desidia será la que me tatúe una frase que es cierta: “Quique, nunca vas a entrevistar al futbolista que más admiras de la historia”. Porque es así.

Todo esto viene porque hoy, cinco de julio de 2012, se cumplen 30 años de la Tragedia de Sarriá. Desde un punto estrictamente estético y sentimental, que al fin y al cabo es lo que nos mueve, para mí la selección de Brasil del Mundial de 1982 es la mejor de la historia. Los cinco partidos que jugó son un compendio de arte y velocidad impropio de hace nada menos que 30 años. Ese equipo creía en una idea: la del fútbol arte, y la llevó hasta el final.

En la liguilla de cuartos Italia la dejó fuera, tal día como hoy, ante 44.000 espectadores en el viejo Sarriá que, como Sócrates, ya no existe. Tres goles de Paolo Rossi, estrella del torneo, en contraataques y corner, finiquitaron a Brasil. Dino Zoff hizo las paradas de su vida y Gentile le rompió la camiseta a Zico, que recibió 10 faltas. Lo llamaron la victoria del fútbol realista.

Aquella Brasil, como la España ramplona, no pasó de cuartos. ¿Y qué? Para mí son los mejores sin discusión. El tiki-taka ochentero. El creer en la idea. Y por encima de todos los jugadores, Sócrates, rojo, barbudo, combativo. El tipo que fumaba y bebía y tiraba penaltis de tacón. La figura más demoledora de la historia del fútbol. Mi ídolo. El tipo al que nunca entrevistaré.

Era la tarde previa a la final de la Eurocopa y, por esas cosas de la vida, me vi encerrado en un peligroso barrio madrileño: El Viso. Ese silencio, esos chaletazos, esa quietud tensa. Y ni una bandera de España en los balcones. Ni una.

Por fin salí de allí y pude huír a Vallecas. Hice una foto: los balcones reventaban de banderas.

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No creo que descubra nada, ni siquiera para gente de fuera de Madrid que no conozca ninguno de los dos barrios, si digo que uno de esperaría más banderas de España en El Viso que en Vallecas. Pero no. Hoy la rojigualda es fútbol, solo fútbol. Y el fútbol es de las clases populares. El único distrito de Madrid capital donde el PP no ganó en las últimas elecciones es el Puente de Vallecas. Pero arrasaba en banderas.

Nunca supe, ni quise, separar fútbol y política. Son fenómenos demasiado grandes y pasionales para que no se crucen. Siempre me interesó escribir algo como este libro, pero la idea me la tuvo que dar Enric González. Leí su relato de Cristiano Lucarelli, el futbolista comunista, en ‘Historias del Calcio’; tan bien escrita, tan poco ampulosa, tan Enric González, y se la pasé a mi santa. La leyó: “¿Qué te parece?”, pregunté. Me sonrió y me dijo que era preciosa. Estábamos en Nueva York. Había libro.

Años después acabé viajando a Livorno a conocer a Lucarelli y a su entorno. Su maravillosa historia, la increíble gente de la squadra amaranto. Me hice del Livorno y de Lucarelli, y escribí un capítulo de este libro aún por terminar.

De aquel viaje le traje a mi ahijado una camiseta del 99, y será el único niño de España que tiene una zamarra del Cristiano equivocado. Durante la final de la Eurocopa la llevaba puesta. Era el momento perfecto para escribir el primer capítulo de este blog que acabará en libro.

rodrigo